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Nota del Arzobispado de Granada

Fecha: 07/02/2007



Un sacerdote diocesano granadino, y de avanzada edad, ha sido acusado de actuaciones deshonestas con un menor. La Iglesia quiere hacer constar, antes que nada, el absoluto respeto y la consideración hacia la presunta víctima, y hacia el mal que presuntamente haya podido sufrir, al tiempo que quiere hacer públicas las consideraciones siguientes:

1. La comunidad cristiana cuenta siempre con la posibilidad del pecado, que es un riesgo del que ningún ser humano puede presumir de estar libre sin el auxilio de la gracia de Dios. Y por eso, siguiendo a Jesucristo, su Maestro, la Iglesia no condena nunca a los pecadores, sean quienes sean; al comienzo de cada Eucaristía, pide perdón a Dios, y nos lo pedimos unos a otros, por los pecados y las ofensas que podemos habernos hecho; y exhorta constantemente a todos a la conversión, porque todos la necesitamos.

2. Al mismo tiempo, hay que recordar que a la Iglesia le duelen extraordinariamente los pecados de todos sus miembros, porque dañan la vida que Cristo nos da; pero le duelen especialmente los de los ministros y pastores de la Iglesia, porque entrañan escándalo, es decir, hacen tropezar a otros en la fe, y por eso dañan especialmente al Cuerpo de Cristo. La Iglesia lamenta profundamente los pecados de algunos de sus representantes, al tiempo que da constantes gracias al Señor por el testimonio bellísimo de fe y de amor verdadero a los hombres que dan tantos sacerdotes y religiosos.

3. Por otra parte, la Iglesia respeta exquisitamente el legítimo orden jurídico (y más cuando ese orden se basa en el reconocimiento del bien moral); ha honrado siempre sus compromisos con el bien y la verdad, y de manera especialmente escrupulosa cuando en las actuaciones de sus representantes están implicados daños a personas.

4. Y, sin embargo, debiera ser claro para todos que el que unas personas acusen a otras, y más aún en el tipo de sociedad en que estamos, no significa en absoluto por sí mismo que haya responsabilidad por parte de la persona acusada, y que no basta el hecho de la acusación para declarar a una persona culpable. Es obvio que pueden darse, y se dan con frecuencia, acusaciones falsas, movidas por intereses de todo tipo, a veces incluso económicos; y otras, especialmente cuando se trata de sacerdotes, movidas por el odio a la Iglesia y a la fe cristiana.

5. Por ello, la mayoría de los ordenamientos jurídicos, y entre ellos el nuestro, incluyen dentro de sí la presunción de inocencia, mientras no se aduzcan pruebas suficientes de una conducta delictiva, y los jueces hayan pronunciado una sentencia condenatoria. Lo contrario facilita la arbitrariedad y las venganzas personales, o linchamientos públicos sin garantías de justicia y de verdad. Para proteger la justicia, la verdad, y la dignidad de todas  las personas existen precisamente el orden jurídico, el derecho y la ley. 

6. En el caso que ha sido objeto de denuncia y de las informaciones públicas de hoy, y a pesar de que las acusaciones que se han hecho no han sido en absoluto probadas, e incluso de que hay indicios significativos de manipulación, el Arzobispo ha decidido apartar provisionalmente a este sacerdote de todo ejercicio publico del ministerio sacerdotal, del que, por otra parte, estaba ya casi retirado. Al mismo tiempo, pide a la opinión pública y a todas las personas afectadas que respeten la dignidad de todas las personas y el principio de la presunción de inocencia.

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